Otro ataque terrorista contra Cuba: la guerra de 66 años que Washington se niega a terminar
- The Left Chapter

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Desde el triunfo de la Revolución, las autoridades cubanas han documentado aproximadamente 5780 actos terroristas distintos dirigidos contra su país.

Weapons seized from the US boat by Cuban authorities -- image via the Embajada de la República de Cuba en Francia on Facebook
By Manolo De Los Santos
En la mañana del 25 de febrero de 2026, las autoridades cubanas frustraron otro ataque terrorista a una milla de la costa norte del país. Cuando todo terminó, cuatro hombres yacían muertos, otros seis estaban heridos bajo custodia cubana, y una lancha rápida registrada en Florida (FL7726SH) quedó inutilizada, con su cubierta llena de rifles de asalto, pistolas, cócteles Molotov y chalecos antibalas.
El ataque ha puesto de relieve el debate sobre la larga y a menudo olvidada historia de ataques terroristas que ha sufrido Cuba en los 66 años transcurridos desde su revolución y sobre los actores, estatales y de otro tipo, que han estado detrás de ellos.
El ataque
En la madrugada del 25 de febrero, una lancha rápida no identificada y sin previo aviso entró en aguas cubanas. Cuando la Guardia Costera cubana se acercó para identificar la embarcación, la tripulación de la lancha abrió fuego. Los asaltantes, armados con rifles de asalto y cócteles Molotov, hirieron al comandante de la patrulla cubana antes de que los guardias respondieran al fuego en defensa propia.
Informes de periodistas con sede en Miami han confirmado que no se trataba de un viaje para rescatar a migrantes cubanos, como algunos intentan decir, sino, de hecho, de una expedición armada y organizada para llevar a cabo acciones violentas en suelo cubano.
En tierra, las autoridades cubanas detuvieron a Duniel Hernández Santos, un agente que había llegado recientemente de los Estados Unidos para recibir al equipo de infiltración.
El Gobierno estadounidense aún no ha hecho ningún comentario oficial condenando el ataque a la soberanía de Cuba y el secretario de Estado Marco Rubio ha declarado que los Estados Unidos llevará a cabo su propia investigación independiente.
Sin embargo, los acontecimientos del 25 de febrero de 2026 representan mucho más que un incidente aislado de violencia marítima. Los ataques terroristas contra Cuba, en muchos casos históricos patrocinados directamente por los Estados Unidos, han sido un componente central de la campaña sostenida que Washington ha llevado a cabo contra el pueblo cubano durante más de seis décadas. Estos ataques y otros similares son el resultado lógico y las consecuencias previstas de la escalada del estado de guerra y el bloqueo de combustible de la administración Trump, deliberadamente diseñados para hacer sufrir al pueblo cubano, desestabilizar una nación soberana y socavar su Gobierno.
La geografía de este conflicto en curso es particularmente reveladora, ya que el estado de Florida ha funcionado durante décadas como plataforma de lanzamiento para grupos paramilitares que han operado con diversos grados de tolerancia oficial por parte de las autoridades estadounidenses. Según la investigación preliminar del Ministerio del Interior de Cuba, muchas de las personas involucradas en el ataque, como Amijail Sánchez González y Leordan Enrique Cruz Gómez, ya eran conocidas por las autoridades por su participación en actividades ilegales y terroristas. Esto sugiere otra realidad preocupante: los Estados Unidos sigue permitiendo que su territorio se utilice como base para planificar y ejecutar ataques armados contra un país vecino.
Esta violencia en el mar representa la manifestación paramilitar de una campaña más amplia de guerra económica y terror llevada a cabo con medios más sofisticados por la armada estadounidense en el Caribe, aunque ambos enfoques comparten el mismo objetivo de provocar el colapso del Estado cubano mediante una presión y una desestabilización sostenidas.
La guerra contra Cuba
Desde el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, las autoridades cubanas han documentado aproximadamente 5780 actos terroristas distintos dirigidos contra su país. Estas estadísticas representan mucho más que simples números en una página. Estos ataques acortaron la vida de 3478 personas y dejaron a miles más con discapacidades permanentes. Los métodos empleados a lo largo de esta larga historia han variado según las circunstancias y las capacidades disponibles en los diferentes períodos, pero la crueldad subyacente se ha mantenido notablemente constante a lo largo de las décadas.
Entre las tácticas más devastadoras empleadas se encuentra la guerra biológica, ejemplificada por la epidemia de dengue de 1981 que se cobró la vida de 101 niños, principalmente bebés y niños pequeños. Las campañas de sabotaje orquestadas contra la isla fueron igualmente destructivas. Documentos desclasificados revelan que, durante un solo periodo de seis meses en la década de 1960, la CIA logró introducir de contrabando en la isla aproximadamente 75 toneladas de explosivos con el propósito específico de destruir fábricas, plantaciones, infraestructura de transporte y otras instalaciones esenciales para la supervivencia y el desarrollo económicos de la nación.
Quizás lo más horrible de todo fue el atentado con bomba contra el vuelo 455 de Cubana en 1976, que causó la muerte de las 73 personas a bordo, incluidos los miembros adolescentes del equipo de esgrima de Cuba, y que se considera uno de los primeros actos de terrorismo aéreo perpetrados en el hemisferio occidental. Los cerebros detrás de esta atrocidad, Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, vivieron posteriormente sus últimos años libremente en Miami, y su existencia sin molestias envió un mensaje claro e inequívoco del Gobierno de los Estados Unidos de que las personas que dirigen la violencia terrorista contra Cuba encontrarán refugio y protección dentro de las fronteras de Florida.
Las incursiones armadas llevadas a cabo por grupos como Alfa 66 y otros con base en los Estados Unidos constituyen la cara más violenta y evidente de una política del Gobierno estadounidense cuyos fundamentos se establecieron explícitamente en el infame memorándum Mallory de 1960. Ese documento pedía abiertamente provocar el hambre, la desesperación, la violencia y, en última instancia, el derrocamiento del Gobierno cubano mediante la denegación sistemática del acceso de la nación al dinero y a los suministros esenciales. El bloqueo económico de los Estados Unidos, mantenido durante décadas con creciente severidad y mediante el estrangulamiento financiero, ha provocado la escasez de alimentos, medicamentos esenciales y combustible necesarios para el funcionamiento básico. La designación de Cuba como Estado patrocinador del terrorismo, reafirmada más recientemente en 2025 por Trump, ha impedido al país realizar transacciones financieras normales y comercio internacional, esenciales para la supervivencia y el desarrollo de cualquier nación. El apoyo, ya sea directo o a través de la tolerancia implícita, a los grupos paramilitares contribuye a la desestabilización física que provoca la pérdida continua de vidas y la destrucción de infraestructuras vitales para la supervivencia del pueblo cubano.
Existe una profunda y amarga ironía en la decisión del Gobierno de Estados Unidos de 2025 de designar una vez más a Cuba como Estado patrocinador del terrorismo. A lo largo de los sesenta y seis años durante los cuales Washington ha aplicado esta y otras etiquetas a Cuba, ha sido en realidad Cuba la que ha sido víctima de una campaña de terror sostenida, organizada, financiada y sistemáticamente ignorada por los sucesivos gobiernos estadounidenses.
El violento enfrentamiento frente a las costas de Cuba el 25 de febrero de 2026 no fue un accidente ni una coincidencia, sino la consecuencia directa y previsible de la negativa de los funcionarios estadounidenses a aceptar la realidad de la soberanía cubana y el derecho del pueblo cubano a determinar su propio destino sin injerencias ni manipulaciones externas. En respuesta a este ataque terrorista, Cuba actúa en plena conformidad con el derecho internacional, concretamente con el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, que garantiza “el derecho inmanente de legítima defensa, individual o colectiva, en caso de ataque armado contra un Estado miembro”.
En última instancia, Marco Rubio y el Gobierno de los Estados Unidos deben responder por qué un grupo de terroristas residentes en ese país conspiró para orquestar actos de terrorismo contra el pueblo cubano, utilizando armas compradas en los Estados Unidos y operando una embarcación que zarpó de un puerto de Florida. Mientras Washington siga tratando a Florida como una base permisible para operaciones destinadas a cambiar el régimen en La Habana, y mientras siga utilizando su sistema financiero como arma para estrangular económicamente a la isla, este ciclo de violencia continuará inevitablemente, cobrándose vidas y perpetuando el sufrimiento del pueblo cubano.
Mientras el Gobierno de Trump sigue adelante con la guerra de sesenta y seis años contra Cuba, provocando hambrunas mediante un cruel bloqueo de combustible y permitiendo ataques terroristas desde su territorio, el pueblo cubano se niega a doblegarse. Continúa resistiendo la tormenta, plantando cara a un imperio que, durante más de seis décadas, no ha logrado doblegarlo a su voluntad.
Manolo De Los Santos es director ejecutivo de The People’s Forum e investigador del Tricontinental: Instituto de Investigación Social. Sus artículos aparecen regularmente en Monthly Review, Peoples Dispatch, CounterPunch, La Jornada y otros medios progresistas. Recientemente ha coeditado Viviremos: Venezuela vs. Guerra híbrida (LeftWord, 2020), Camarada de la Revolución: Discursos seleccionados de Fidel Castro (LeftWord, 2021) y Nuestro propio camino hacia el socialismo: Discursos seleccionados de Hugo Chávez (LeftWord, 2023).
Este artículo ha sido elaborado por Globetrotter



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