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Cuba en el corazón

  • Writer: The Left Chapter
    The Left Chapter
  • 6 hours ago
  • 5 min read

Monumento a José Martí en la Plaza de la Revolución. La Habana, Cuba. -- RG72, CC BY-SA 4.0 , via Wikimedia Commons


By Guillermo Barreto


El 29 de enero pasado, el presidente de los EE. UU., Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que declara una emergencia nacional y establece aranceles a productos de cualquier país que venda o suministre de otro modo petróleo a Cuba. Según la Orden, esto tiene la finalidad de proteger “la seguridad nacional de los Estados Unidos y su política exterior de las acciones y políticas malignas del régimen cubano”. El objetivo es aislar completamente a Cuba e inducir una crisis humanitaria que provoque inestabilidad política, violencia callejera y finalmente el derrocamiento del Gobierno cubano, algo que EE. UU ha buscado, sin éxito, desde hace más de seis décadas.


La Orden Ejecutiva de Trump es la continuación de una política exterior que, violando toda norma de derecho internacional, ha llevado a cabo el Gobierno de los Estados Unidos desde 1960, recién comenzando la revolución que derrocó la dictadura del criminal Fulgencio Batista en 1959. Antes de la revolución y después de su independencia, Cuba fue un patio donde los EE. UU. amasaban fortunas producto del saqueo de sus recursos, control de su comercio y actividad mafiosa ligada a garitos y burdeles. Todo esto, facilitado por gobiernos títeres tutelados por EE. UU. Tomás Estrada Palma, primer presidente de Cuba, deja como legado a un país hipotecado. José Miguel Gómez (Tiburón), un asesino. Mario Menocal y Alfredo Zayas, clientelistas y corruptos. Las dictaduras de Machado y Batista, paraísos para los negocios turbios que utilizaron la represión y la tortura para socavar cualquier intento de levantamiento. Un listado infame de Gobiernos de esos que EE. UU. considera “amigos del mundo libre”.


La Revolución cubana pone fin a todo eso. “Llegó el Comandante y mandó a parar” como cantó el trovador Carlos Puebla. Reforma agraria, reforma urbana, alfabetización, nacionalización de empresas estratégicas, desarrollo de un sistema de salud, impulso de la ciencia y la tecnología, cultura y un largo listado de programas, acciones y políticas dirigidas a la construcción de un territorio libre en América. Logros que la revolución ha venido afianzando no sin una dura y permanente ofensiva de los EE. UU. para contrarrestarlos. En 1960, el presidente Dwight Eisenhower impuso un embargo de armas y ese mismo año el Departamento de Estado declaraba que “el único medio previsible de enajenar el apoyo interno es a través del desencanto y la desafección basada en la insatisfacción económica y las dificultades (y por eso…) deben tomarse medidas rápidamente para debilitar la vida económica de Cuba”. En enero de 1961 el Gobierno de los EE. UU. rompe relaciones diplomáticas con Cuba y el 7 de febrero de 1962, el presidente J.F. Kennedy establece el bloqueo total que en marzo de ese año adquiere el carácter extraterritorial. Cualquier país que intente ignorar el bloqueo puede ser sometido a sanciones por parte de los Estados Unidos.. Algo totalmente violatorio al derecho internacional y contrario a lo acordado dentro del sistema multilateral.


Los Estados Unidos ha intentado muchas formas para destruir la revolución. La invasión de Bahía de Cochinos, actos terroristas, introducción de enfermedades y más de 600 atentados para acabar con la vida del comandante Fidel Castro. El arma económica, el bloqueo, ha sido sin embargo, el elemento de ataque permanente. Destaca la Ley Helms-Burton sancionada en 1996. Esta Ley tiene 4 títulos que vale la pena mencionar: 1. Internacionaliza el conflicto EE. UU.-Cuba; 2. presenta una “ayuda” al pueblo cubano para que “transite al capitalismo”; 3. permite a los antiguos dueños de propiedades nacionalizadas a que interpongan demandas en tribunales de los EE. UU. y 4. asegura que el bloqueo se mantendrá hasta que en Cuba haya un gobierno democrático. Un gobierno que acepte EE. UU. y una democracia definida por los Estados Unidos.


Las pérdidas y daños producidos por el bloqueo son gigantes. Entre el 1 de marzo de 2023 y el 29 de febrero de 2024 se calculan pérdidas por 5 mil millones de dólares. Unos 575.683 dólares en daños por cada hora de bloqueo. Los daños acumulados desde el inicio del bloqueo se elevan a 164 mil millones de dólares. Como se dijo al comienzo de este texto, la Orden Ejecutiva firmada por Donald Trump es parte de una política permanente de acoso y agresión que escala a niveles muy graves y busca la asfixia total del pueblo cubano y el regreso a esa Cuba/patio/garito en que la isla fue convertida por los EE. UU. durante la primera mitad del siglo XX.


El 12 de enero de 1951, la Asamblea general de Naciones Unidas, mediante Resolución 260 A (III), creó la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio. En su artículo 2, se define genocidio como actos “perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso” y entre esos actos menciona “lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo” y “el sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial”. Es una descripción clara de lo que los diferentes Gobiernos norteamericanos han venido ejecutando desde el inicio del bloqueo y en especial lo que la Orden firmada por Trump intenta.


La misma Convención establece en su artículo 3 que serán castigados los siguientes actos: 1. Genocidio; 2. Asociación para cometer genocidio; 3. Instigación directa y pública para cometer genocidio; 4. La tentativa de genocidio y 5. La complicidad en el genocidio. Está claro que tanto el presidente Trump y su Secretario de Estado, Marco Rubio, son imputables del delito de genocidio y si el Sistema de Naciones Unidas tuviera un poco más de legitimidad (y dignidad), esos personajes deberían estar frente a un tribunal.


La solidaridad y apoyo de los pueblos del mundo al Gobierno y pueblo de Cuba son hoy en día, ante la debilidad de Naciones Unidas, más necesarias que nunca. Cuba ha resistido de manera heroica y le ha mostrado al mundo lo que significa la solidaridad y la dignidad. Cada voz es necesaria. Cada grito una obligación. ¡Por Cuba, por la vida, por la humanidad!


Guillermo R Barreto es venezolano, Doctor en Ciencias (Univ Oxford). Profesor jubilado de la Universidad Simón Bolívar (Venezuela). Fue Viceministro de Ciencia y Tecnología, presidente del Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología y Ministro de Ecosocialismo y Aguas (República Bolivariana de Venezuela). Actualmente es investigador en el Instituto Tricontinental de Investigación Social y colaborador visitante del Centro de Estudio de Transformaciones Sociales-IVIC.


Este artículo fue producido por Globetrotter

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