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No hay alto al fuego: el genocidio israelí continúa

  • Writer: The Left Chapter
    The Left Chapter
  • 1 day ago
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Gaza, December 2025 -- image via the UNRWA on X


By Vijay Prashad


El 19 de enero de 2025 entró en vigor un alto al fuego destinado a detener los bombardeos israelíes contra la población palestina en Gaza. Este alto al fuego fue fruto de un proceso de mediación por parte de Egipto, Qatar y los Estados Unidos, que había quedado sellado en junio de 2024 con la Resolución 2735 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Sin embargo, Israel rechazó el acuerdo y esperó hasta que Donald Trump ganara la elección presidencial de los Estados Unidos para avanzar (de esta forma Trump pudo atribuirse el mérito del pacto).


Sin embargo, Israel no se retiró completamente de Gaza, ni cesó sus ataques, ni permitió el ingreso de la  ayuda humanitaria. A pesar del “alto el fuego”, el genocidio contra el pueblo palestino continuó. Un mes después del inicio del alto al fuego, ya era evidente que Israel había cometido al menos 265 violaciones del acuerdo (incluidas demoliciones de viviendas, incursiones terrestres y tiroteos contra civiles). Durante ese mismo período, las Naciones Unidas constataron que el 81% de Gaza estaba bajo control del ejército israelí o sujeto a órdenes arbitrarias de desplazamiento impuestas por Israel.


Ese primer alto al fuego terminó en marzo y solo empezó de nuevo en octubre de 2025. En el período intermedio, Israel aprovechó para volver a arrasar Gaza sin enfrentar ninguna crítica por parte de sus principales aliados en Europa y los Estados Unidos, que continuaron armando a Israel. El segundo “alto el fuego” ha sido tan ineficaz como el primero: entre el 10 de octubre y el 22 de diciembre, Israel violó sus términos 875 veces.


Así, existe un alto al fuego en Gaza solo en la medida en que ha disminuido la intensidad de los bombardeos, pero no existe un alto al fuego en términos sustantivos, ya que continúa la campaña genocida de presión de Israel contra la población palestina.


Conviene evaluar la situación sobre el terreno en Gaza. Los hechos son importantes, y es fundamental que las agencias de las Naciones Unidas hayan reanudado su labor básica de ayuda humanitaria, que incluye la recopilación de datos sobre los problemas que enfrenta el pueblo palestino. Aquí me baso en gran medida en los datos de la ONU, especialmente en los de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA), que a su vez está siendo atacada por Israel por constituir un obstáculo para su campaña de exterminio. Para mayor claridad, presento a continuación un breve panorama de cuatro áreas principales de la vida en Gaza (algunos de los datos se basan en el panel de control de la ONU para el seguimiento de la Resolución 2720 del Consejo de Seguridad de la ONU):


Desplazamiento y vivienda


En marzo de 2025, la UNRWA estimó que el 92 % de todas las viviendas de Gaza habían sido destruidas o gravemente dañadas. Como resultado, los 2,1 millones de residentes supervivientes de Gaza han estado viviendo en campamentos de desplazados administrados por la ONU o en tiendas de campaña y refugios temporales construidos de manera precaria en edificios destruidos. El Servicio de las Naciones Unidas de Acción contra las Minas advierte que los escombros están plagados de  bombas israelíes sin detonar y que se necesitarían entre 20 y 30 años para retirarlas. Las intensas lluvias de este invierno han inundado las tiendas de campaña, generando una grave crisis de infecciones respiratorias agudas, diarrea y hepatitis.


Alimentos y agua


El acuerdo de alto al fuego establecía que Israel, que controla la frontera, permitiría la entrada de 600 camiones de ayuda por día en Gaza. Sin embargo, entre octubre y diciembre, Israel solo permitió un promedio de 216 camiones al día, según el Panel de Control y Seguimiento de la Resolución 2720 de la ONU. Este déficit es una de las principales razones por las que la situación de los alimentos, el agua y el combustible en Gaza sigue siendo crítica. Tres frases de un informe reciente de la ONU merecen una amplia difusión: primero, que “al menos 1,6 millones de personas —el 77 % de la población— siguen enfrentando altos niveles de inseguridad alimentaria aguda en la Franja de Gaza, entre ellas más de 100.000 niños y 37.000 mujeres embarazadas y lactantes”; segundo, que “los alimentos ricos en nutrientes, en particular las proteínas, siguen siendo escasos y prohibitivamente caros, lo que hace que el 79% de los hogares no puedan comprar alimentos ni tener acceso a agua potable”, y tercero, que “ningún niño alcanza la diversidad dietética mínima y dos tercios experimentan pobreza alimentaria severa, consumiendo solo uno o dos grupos de alimentos” (de los cinco grupos de alimentos).


Atención de salud


Para diciembre de 2025, la infraestructura sanitaria de Gaza seguía gravemente deteriorada. Muchos hospitales y clínicas están dañados o funcionan solo de manera parcial, con escasez crítica de medicamentos e insumos, interrupciones frecuentes del suministro de combustible y electricidad, y una disponibilidad de servicios muy inferior a los niveles anteriores al conflicto. Las agencias de la ONU describen las condiciones como frágiles, sobrecargadas y al borde del colapso. El Boletín del Clúster de Salud de Gaza aporta datos relevantes, y el más reciente señala que “las operaciones militares en curso siguen agravando varias limitaciones operativas previamente detalladas, incluidas las restricciones persistentes de acceso a los lugares donde se desarrollan los programas y la entrada severamente limitada de suministros médicos esenciales, junto con la amenaza constante de cancelación del registro de las ONG internacionales”. Aún así, entre las ruinas del hospital Al-Shifa, 168 médicos palestinos se graduaron el día de Navidad.


Educación


El Clúster de Educación de las Naciones Unidas informa de que más del 97% de las escuelas de Gaza han sido dañadas y que solo el 38% de los niños en edad escolar han podido acceder a algún tipo de enseñanza en los últimos dos años. Más de 700.000 niños y niñas palestinas han perdido el derecho a la educación, incluidos 658.000 que ya han perdido dos años académicos completos. Alrededor de 71.000 estudiantes de Gaza no pudieron rendir los Exámenes de Educación Secundaria General (Tawjihi) y, por lo tanto, no pueden acceder a la educación superior.


Aún no se ha restablecido la vida básica, ni la capacidad de los y las palestinas para reactivar sus instituciones políticas. No puede lograrse ningún avance real para poner fin al genocidio y a la ocupación mientras Israel siga impidiendo que líderes palestinos de diferentes facciones reconstruyan sus instituciones políticas. Durante este llamado “alto al fuego”, Israel ha asesinado a varios líderes políticos palestinos de gran relevancia, como Issam al-Da’alis (Comité Administrativo del Gobierno de Hamás), Mahmoud Abu Watfa (Ministerio del Interior) y Huthayfa al-Kahlout (portavoz de las Brigadas al-Qassam), y continúa manteniendo en prisión a líderes como Marwan Barghouti (Fatah) y Ahmad Sa’adat (Frente Popular para la Liberación de Palestina). La insistencia de Israel en el desarme de Hamás demuestra la falta de seriedad de Tel Aviv para negociar en cualquier dirección.


Esto es un alto al fuego y a la vez no lo es.


Es cierto que la intensidad de los bombardeos ha disminuido, y eso supone un alivio; pero no lo es  para la vida cotidiana, especialmente si no se vislumbra ningún final más allá de la expectativa de la próxima atrocidad.


Vijay Prashad es un historiador, editor y periodista indio. Es miembro de la redacción y corresponsal en jefe de Globetrotter. Es editor en jefe de LeftWord Books y director del Instituto Tricontinental de Investigación Social. Ha escrito más de 20 libros, entre ellos Las Naciones Oscuras y Las Naciones Pobres. Sus libros más recientes son Luchar nos hace humanos: aprendiendo de los movimientos por el socialismo, La retirada: Irak, Libia, Afganistán y la fragilidad del poder estadounidense y Sobre Cuba: 70 años de Revolución y Lucha (los dos últimos en coautoría con Noam Chomsky).


Este artículo fue producido para Globetrotter.

 

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